Caos
Tormentas.
Mi mente es un completo caos.
Mi mente son miles de tormentas huracanadas peleándose entre si en busca de una victoria, una lucha interna en busca de la tormenta perfecta, la tormenta primigenia. Violentas sacudidas de un viento cargado de sentimientos enfrentados, de ideas, de placeres y de un odio incontrolable. Salvaje.
Hervidero de disputas y ráfagas de luces y sombras. Frío y calor. Existente e... inexistente.
Tormento.
Y el punto es que no existen estas tormentas -perdón, corrijo- solo existe una tormenta. Mi caótica mente se refleja en mi caótica vida, día a día, minuto a minuto. Como un espejo maldito, un reflejo real y siniestro. Incomprensible, errático, corrupto y hermoso.
A veces este nivel de caos me agobia y estresa, e incluso me llega a hundir hasta puntos que quisiera creer que no son reales. Consigue sacar de mi lo peor, la maldad enraizada en mi naturaleza -como bien hablaba Immanuel Kant- Pero el caos en mi interior, mi caos, no siempre me lleva a ese extremo. A veces, -influenciado normalmente por un momento en el que mi autoestima está bastante alta- siento que controlo mi caos interior y me permite crear y lograr cosas que, sin caos alguno, no podría conseguir ni en sueños.
Este caos que albergo en todo mi ser, en mi alma, es parte de mi. Me ha acompañado durante toda mi vida, creciendo a mi lado alimentándose de mis sentimientos y experiencias. Durante años, al menos desde que soy realmente consciente de dicho caos, he pensado que era algo malo, un ente que me absorbía y no me permitía hacer nada correctamente. Fallos y más fallos, siempre errático, en zigzags por encima de líneas rectas.
He llorado tanto por ello, he sentido una frustración inmensa que me oprimía los cinco sentidos. Ansias y desesperación por hacerlo desaparecer.
¿Por qué no soy como los demás?
Siempre me pregunté lo mismo, una y otra vez. Una pregunta que me hería, que me quemaba y destruía.
Hasta que finalmente lo supe. Finalmente me di cuenta.
No me avergüenza admitir que fui consciente de ello no hace mucho, durante un momento de total bloqueo creativo.
El caos de mi interior, como dije, es parte de mi. De mi alma. Rechazarlo sería rechazarme a mi mismo. Odiarme por ser quien soy. Me harté de pensar que el caos, ser errático, no seguir ninguna norma o estilo predeterminado era algo equivoco.
Es mi mayor bendición.
El caos provoca en mi una tormenta perfecta, solo una. Truenos y llamas, viento y lluvia perfectamente sincronizados en la más errática forma posible.
Darme cuenta de esto ha hecho que logre entenderme, que entienda como funciono. Que consiga amarme con esta nueva faceta que antes consideraba un error en la matriz.
Con el caos a mi lado, con su poder, me siento imparable, siento que puedo llegar a comerme un universo entero, que puedo conseguir lo que me proponga y que me da fuerzas y me confirma la idea de que no es necesario seguir un estilo predeterminado.
Soy capaz ahora, asimilando y canalizando mi caos, en crear grandes cosas que solo la mente de un loco, ordenada en un infinito desorden, puede lograr.
Así es mi mente, un gran universo enmarañado, loco y sin sentido.
Un perfecto caos.
Izcagua Hernández Cos
Caos
"Tormentas"
Comentarios
Publicar un comentario