4:38 am
Diecinueve minutos
Olvidé lo escrito aquella noche hasta que lo encontré hace poco de pura casualidad. Supe que había escrito algo, pero no recordaba el que y tampoco le di importancia. Al leerlo sentí una clavada en el pecho. El tema sobre el que escribo cuando me dejo llevar hasta el punto de perder la conciencia ya es algo recurrente. Algo en lo más profundo de mi me bombardea con lo mismo una y otra vez.
"Mi mente atada es arremetida por los empujones del sueño, cierro los ojos y escribo. Me dejo llevar para simplemente expresar la voz de mi alma.
Siento como pierdo el control de mi cuerpo, como cedo ante el sueño a la vez que mis manos están más despiertas que nunca, extremidades independientes a su cuerpo rendido. No luchan por mantenerse en pie, no se enfrentan al sueño, no es su pelea, ignoran completamente lo que ocurre a su alrededor y escriben lo dictado por lo más profundo de mi alma.
Palabras provenientes de mi verdadero yo.
Respiro a destiempo, controlando cada inspiración y olvidándome de cada expiración. Profunda y silenciosa ella se coloca a mi lado, mi gran y vieja compañera. Con quien he pasado gran parte de mi vida, quien me entiende y me ama, quien me dice lo que debo y no quiero de escuchar. La soledad, fresca en un abrasador día de verano, después de tanto tiempo ausente aparece de nuevo con sus mejores galas. Ese vestido negro de volantes y cortas mangas. Vuelve cuando no soy poseedor de mi cuerpo, cuando sabe que no recordaré su visita. Aun no viene para quedarse, aun no estoy listo, aun no he comprendido. Siento su frio beso en mi mejilla y su suave mano por mi espalda.
Ella tan orgullosa, tan arrogante y hermosa. La amo, siempre lo he hecho. Lamenté su marcha pues comprendí al momento de su ida que tan importante era ella en mi vida. Me daba la paz que los monjes buscan en los templos perdidos en recónditas montañas. Me enseña nuevos paso de baile, me dice que debo de practicar cuando esté solo, que nadie puede verlos aun.
Me duele tener que llevar mi cuerpo al limite, donde las horas de sueño brillan por su ausencia, donde rechacé dormir en objeto de poder sentirla de nuevo. Cada día que pasa, cada eterno minuto me desespero, me duele y me presiona el pecho. Perdí la capacidad de llamarla.
Las nubes me acompañan ahora, y la lluvia pone la banda sonora a mi vida. Una vida incompleta, una vida sin espejos. Vuelo en mis sueños, canto y grito y corro rápido buscando un lugar oculto. Un lugar que solo ella y yo sabemos, un lugar que me hizo olvidar. Un lugar donde yo solía descansar.
Mis manos empiezan a ceder, recuerdan que están pegadas a un cuerpo casi inerte al que pertenecen. Sienten el poder del sueño, adormecidas siguen escribiendo las últimas palabras que solo ellas pueden ver. Los ojos se han rendido, el resto del cuerpo se ha rendido, solo quedan ellas como últimas supervivientes de una noche en la que por fin, volví a sentir la dulce soledad, donde volví a escuchar el susurro de mi alma".
Fueron diecinueve minutos que parecieron horas. Fueron diecinueve minutos el tiempo que me sentí más vivo que nunca.
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